Las Brechas de Competencias en el Mercado Laboral de los Trabajadores Agrícolas de Temporada

Fredy H. Wompner G. Economista y Director Ejecutivo Instituto de Capacitation Promundos

Se estima que en Chile el número de trabajadores agrícolas de temporada fluctúa entre las 250 y 500 mil personas, lo que es considerado como uno de los efectos más relevantes de la modernización de la agricultura en nuestros país, generando, de paso, una gran cantidad de empleo y migración transitoria de trabajadores y trabajadoras entre las distintas regiones. Sin embargo, aún existen falencias en la calidad de sus condiciones de trabajo. Ello plantea el desafío de encontrar soluciones a los problemas pendientes del gran número de trabajadores estacionales.

Durante el periodo estival existe un gran número de trabajadoras y trabajadores de temporada, alcanzando alrededor de 8000 mil personas en la región durante los meses de verano y de estos trabajadores un 70% son mujeres temporeras. En la Provincia de Osorno los trabajadores agrícolas de temporada se desempeñan principalmente en el rubro frutícola, el cual se ha ido incrementando cada vez más, habiendo un gran número de empresas destinadas a la explotación de huertos frutales, (principalmente frutales menores), donde la existencia de dichas empresas implican un aumento de empleabilidad para los habitantes de nuestra provincia durante todo el año, pero teniendo un impacto significativo en la época estival. Donde la principal oferta de empleos se relaciona a la cosecha de las diversas frutas que se producen en estos huertos. Es por eso que los llamados trabajadores agrícolas de temporada, tienen gran importancia para las empresas y como también las empresas para ellos.

Tras una extensa investigación sobre el perfil de los trabajadores agrícolas, las proyecciones de la oferta y demanda de la mano de obra, y la normativa laboral realizada para la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), fueron publicados recientemente los aspectos más relevantes en el documento que forma parte de la serie Temas de la Agenda Pública del Centro de Políticas Públicas UC. Según el estudio en promedio existen 800.000 empleados agrícolas, cifra que se ha mantenido estable aunque con una creciente estacionalidad y que, por efectos demográficos de envejecimiento de la población, “en 2018 podría haber una caída de 5% en la oferta de temporeros”, lo que equivaldría a cerca de 31.000 trabajadores, considerando además que si se mantienen las tendencias de uso de suelo y aumenta la productividad, la demanda de empleo estacional crecería entre 15% y 17% en 2018, es decir, unos 50.000 a 56.000 trabajadores estacionales adicionales.

Además el mismo estudio plantea que el perfil de los trabajadores es de edad avanzada, en promedio tienen 40 años (mientras que a nivel nacional es 35,6 según Casen 2011); tienen nueve años de educación, cifra casi dos años menor que la población general; viven con un promedio de 3,7 personas por hogar, más que la población en general (3,3 personas); 45,2% son jefes de hogar y la participación femenina en el empleo de temporada agrícola alcanza un 57,1%. La mayoría de los temporeros trabaja en la cosecha de fruta fresca (56%) y trabaja para una sola empresa. En general hay un alto grado de informalidad en este sector, donde en menos de la mitad de los casos se firma un contrato; predominan los contratos con pago fijo al día por sobre otros acuerdos, aunque los trabajadores a trato ganan en promedio $37.000 más al mes.

La actual situación del sector, nos lleva a pensar en la importancia del costo en mano de obra y su directa relación con la productividad, lo que hace necesario incluir la eficiencia del recurso humano en la modernización y/o tecnificación actual y futura; donde los sistemas de mayor eficiencia económica tienden a presentar una mayor eficiencia técnica y mayor productividad del recurso humano. Al respecto los requerimientos técnicos de la producción agropecuaria y agroindustrial obligan a trabajar en un ambiente de Good Manufacturing Practices (GMP), o buenas prácticas de manufactura, y ampliar el horizonte a las BPA (buenas prácticas agrícolas), asunto que requiere una sensibilización y entrenamiento de quienes llevan a cabo la producción y comercialización, todos aspectos definidos por el Estado como áreas estratégicas para el país, de forma que, las normas ISO1 9000 (Gestión de Calidad), ISO 14000 (Gestión Medioambiental) e INN 18000 (Seguridad de los Trabajadores) deben ser aplicadas en forma masiva si se desea homologar la normativa europea.

Ante estos antecedentes se evidencia la necesidad que enfrenta el sector, de contar a la brevedad, con recursos humanos con las competencias apropiadas, que le permitan actuar en forma efectiva frente a los requerimientos técnicos y estándares de calidad exigidos por el mercado. Es en este sentido que la capacitación del recurso humano en las actividades productivas del sector agropecuario resulta de suma importancia para las empresas productoras y exportadoras que incorporan entre sus filas a los trabajadores agrícolas de temporada.

Sin embargo, estos requerimientos contrastan con los niveles de educación que actualmente presenta el sector agropecuario. Si consideráramos a quienes no tienen ninguna escolaridad (12%) y a quienes tienen educación básica incompleta (53%), queda de manifiesto la carencia de información adecuada para la gestión y la baja capacidad de destreza analítica para competir eficazmente e incorporarse en las cadenas de valor agregado. Como única solución a este problema se plantea lo beneficioso que resulta la capacitación para este tipo de trabajadores, ya que les permite; adquirir las competencias faltantes, disminuir los errores y perdidas en el proceso, prevenir riesgos, mejor la relación entre los trabajadores, incrementar la productividad y calidad del trabajo, y aumentar la rentabilidad de las empresas.




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