6 factores que ayudan a potenciar el desarrollo escolar en los niños

Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl - Académico, Escritor e Investigador (PUC-UACh)

Digamos de partida, que Nelson Mandela, primer presidente negro de Sudáfrica elegido democráticamente, señaló en una oportunidad que “La educación es el arma más poderosa que podemos usar para cambiar el mundo”.

Ahora bien, diversas investigaciones internacionales han demostrado, una y otra vez, que estudiar en un curso con pocos alumnos predice un mejor desarrollo personal y un mayor éxito académico. Sin embargo, en nuestro país, no sólo insistimos en aumentar el número de horas que un alumno debe obligatoriamente permanecer en el colegio con jornadas de mañana y tarde, sino que también tenemos una enorme cantidad de establecimientos educacionales con cursos abarrotados de alumnos: 35, 40 y hasta 50 alumnos apretujados en una sola sala de clases, en tanto que el número máximo recomendado por los expertos, es de 15 estudiantes, condición que favorece que el profesor pueda atender y ponerse en “sintonía” con las necesidades e intereses de cada uno de sus alumnos.

Por lo tanto, se hace necesario extraer una primera conclusión con respecto al primero de los factores que, precisamente, potencia el desarrollo y crecimiento escolar de los niños, a saber: el hecho de asistir a un colegio con cursos de pocos alumnos –especialmente en la educación básica–, representa una condición que no sólo permite recibir y experimentar una enseñanza más “personalizada”, integral y de calidad, sino que además, dicha condición se convierte en un excelente predictor de éxito escolar.

Si alguien tiene dudas respecto de lo que se ha planteado más arriba, es cosa que revise alguno de los tantos estudios publicados en la Revista de Psicología Educacional de la Asociación Americana de Psicología. Es así, por ejemplo, que en uno de estos estudios se monitoreó a casi cinco mil estudiantes de 165 escuelas del estado de Tennessee, en Estados Unidos, desde kínder hasta el último año de enseñanza, antes de ingresar a la Universidad, concluyendo que los niños que se habían mantenido en cursos poco numerosos tenían entre un 15 y un 20% más de probabilidades de graduarse, en comparación con aquellos otros estudiantes que tuvieron muchos compañeros de curso.

Un segundo factor gravitante que ayuda a potenciar el desarrollo escolar de calidad, es tener padres comprometidos con la educación de sus hijos, por cuanto, una familia comprometida hace mucho más fácil el trabajo escolar, en que el apoderado no sólo se lomita a “fiscalizar” lo que hace el colegio, sino que se involucra directamente en la formación de su hijo, apoyando el trabajo del colegio en tareas como: formar y fortalecer valores y hábitos de estudio en el niño, revisar con el menor las tareas asignadas, acercarse al colegio para participar en las reuniones de padres y apoderados, asistir a charlas educativas y jornadas especiales. A lo anterior, se agrega el hecho, que un padre comprometido con la educación de sus hijos está en condiciones de generar un ambiente de confianza tal, que le permite a los niños comunicar a sus padres si ellos están siendo objeto de bullying o de ciber-bullying, tan de “moda”, hoy en día en los colegios, con el fin de tomar todas las medidas necesarias que impidan que estas reprochables conductas terminen en una tragedia, como tantas veces hemos visto.

Un tercer factor, es que el profesor encargado de la formación de los alumnos sea capaz de generar un buen clima y un ambiente escolar que sea favorable para el estudio, donde la relación profesor-estudiante sea una relación de carácter positiva y participativa, lo que no implica en absoluto que exista falta de disciplina en la sala de clases. Así como los alumnos tienen ciertos derechos que deben ser respetados, también existen ciertos deberes que, a su vez, deben ser respetados y observados por parte de los alumnos. En relación con el tema del “respeto” y la “disciplina”, sería recomendable que las normas de convivencia al interior del aula de clases las generaran los propios niños, guiados, naturalmente, por su profesor. La razón es muy simple: es altamente probable que una persona se comprometa a respetar una norma que ella ha ayudado a generar, antes que otra norma que le ha sido impuesta desde fuera. La disciplina y el respeto son valores muy importantes, en función de lo cual, deben ser enseñados y aprendidos.

Un cuarto factor que predice un buen rendimiento por parte de los estudiantes, es que los niños cuenten con un adecuado concepto de sí mismos y de sus capacidades, es decir, que tengan una adecuada autoestima, por cuanto, un estudiante con una buena autoestima se va a sentir capaz para estudiar y aprender, con lo cual, automáticamente, se incrementará el nivel de motivación del niño por aprender aún más. Y en relación con este factor, una vez más, la familia y los padres juegan un enorme rol en el proceso de motivarlos y de entregarles lo que se denomina un “refuerzo positivo”, es decir, acciones tales como: felicitar al hijo por una tarea bien hecha, por una buena acción realizada, por una buena nota obtenida, por haber cumplido con sus deberes, etc. Que los niños noten claramente que las cosas que hacen son tomadas en cuenta y que tienen la ayuda y el apoyo de sus padres.

Un quinto factor se vincula con lo que se llama una “enseñanza reflexiva” y un “aprendizaje significativo”, conceptos estrechamente ligados a los múltiples aportes que ha hecho la Neurociencia del Aprendizaje. En este sentido, aquellas metodologías que son más participativas, de tipo experiencial y que están enfocadas hacia la práctica de la reflexión y el análisis son, sin lugar a dudas, las más efectivas y las que entregan los mejores resultados. Lo anterior, significa que se deben utilizar metodologías que favorezcan el desarrollo cognitivo de los niños, más que el mero aprendizaje de “contenidos en vacío”, de memorización y/o desligados entre sí, es decir, que sólo exigen el uso de la memoria, lo cual está contraindicado en lo que concierne al aprendizaje significativo, método que requiere de un cierto grado de creatividad en la entrega de materias y contenidos por parte del docente.

El sexto, y último factor a tener en consideración dice relación con la generación en los niños de buenos hábitos de estudio, por cuanto, la presencia de hábitos de estudio en los menores permite, asimismo, predecir el rendimiento y el éxito futuro de los niños. Son hábitos que deben ser formados desde pequeños, es decir, desde que los menores ingresan a kínder o a primero básico. ¿Cómo se logra lo anterior? Muy sencillo: el niño, junto a sus padres, debe estar ocupado alrededor de 15 a 20 minutos todos los días realizando una actividad vinculada al colegio: pintar, mirar un libro con figuras llamativas, hacer recortes, repasar letras y nombres de animales, armar rompecabezas adecuados para su edad, etc. Esta es una actividad muy entretenida que le permite al niño, posteriormente, forjar su propia autonomía, ya que al ir adquiriendo en forma paulatina estos hábitos, los niños entenderán que más adelante serán ellos, quienes tendrán que preocuparse de estudiar, preparar sus lecciones y hacer sus tareas en forma autónoma. ¿Cuál es la misión de los padres al respecto de este punto? Preocuparse de que el niño disponga de un espacio adecuado para realizar sus actividades escolares, al mismo tiempo que prestar atención a que los niños respeten ciertos horarios y reglas, y –en la medida de lo posible–, los padres deben evitar que hayan distractores presentes, tales como: celulares, tablets, aparatos de televisión, presencia de ruidos muy fuertes de fondo, etc.

Si se logra que estos seis factores se integren entre sí, que se complementen de manera “armónica” y que estén presentes en la vida escolar de los niños, los resultados serán, simplemente, extraordinarios.
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