El trabajo informal

Trabajo informal
Por Ricardo R. Vega Bois, Académico Universidad de Los Lagos.

Ricardo R. Vega Bois
Técnicamente el concepto de trabajo informal se refiere a aquellas actividades laborales que realiza una persona recibiendo ingresos monetarios estando al margen de un sistema de control estatal y a la vez, sin reconocimiento ni beneficios previsionales relacionados con dicha actividad. Se tiende a asumir que es la única actividad remunerada que tienen dichas personas lo que no siempre es así, pero si lo es en su gran mayoría.

Se estima que a la fecha hay 2.000 millones de trabajadores informales en el mundo y de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) son cerca 133 millones de trabajadores latinoamericanos en el sector informal. De acuerdo con un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) titulado “Economías sombrías en todo el mundo: ¿qué aprendimos en los últimos 20 años?” Bolivia tiene el mercado informal más grande del mundo con una tasa de 80%, pudiendo entenderse aquello a través de varios análisis, siendo uno de ellos cultural pues desde sus orígenes la nación altiplánica está formada por etnias abiertas al intercambio y al comercio de los acuerdos, por lo que decir que no es regulado es un error. No es formal porque no lo controla el estado, ni tributa directamente, pero está basado en reglas y procedimientos ancestrales. Le sigue a Bolivia, según el mismo estudio, México con un 57% de la fuerza laboral activa, quizás un caso parecido al de Bolivia.



En Chile, El desempleo informal, durante el trimestre móvil noviembre - enero 2020 alcanzó al 29,6% debido al incremento 1,7 puntos porcentuales (pp.) en doce meses, de acuerdo a los datos entregados por el Instituto Nacional de estadísticas (INE). En el desglose, según el INE, la tasa de ocupación informal masculina fue 28,6% y la femenina, 30,9%. En el mismo período, los ocupados informales aumentaron 8,1%, equivalente a 201.899 personas, incididos tanto por los hombres (7,9%) como por las mujeres (8,4%). Según sector económico, el incremento se debió, principalmente, a comercio (5,6%) e industria manufacturera (13,5%). Se trata de la mayor alza desde 2017, según las estadísticas del organismo (fuente: eleconomistaamerica.cl).

Dicha información sitúa en casi un 30% comparativo la participación del trabajo informal en Chile, pero datos del Fondo Monetario Internacional a abril de 2019, ya indicaban una tasa para el país de 40,5%, siendo coincidente con la Organización Internacional del Trabajo OIT. ¿Cómo podemos explicar esa diferencia de poco más 10 puntos porcentuales?, sólo las metodologías de medición y parámetros empleados nos pueden dar una respuesta, existiendo diferencias en ellas. El INE mide con datos de la población que está técnicamente en condiciones de trabajar y que declara en levantamiento de datos gubernamentales su condición de trabajador (a) informal. En cambio los organismos internacionales toman datos de distintas fuentes, entre ellas universidades, ONG y entidades de ayuda y apoyo social, las que son confrontadas con las cifras oficiales de cada país.

Generalmente se analiza el trabajo informal desde un punto de vista de “daño económico”, al ser considerado competencia desleal a las actividades formales y a la vez, no producir recaudación de impuestos, pero porcentajes tan altos de estas actividades nos pueden llevar a pensar que, guste o no, son parte de sistemas económicos con incidencias positivas y negativas a la vez.

Lo que primariamente debiera preocuparnos es la precariedad que representa, tanto por no cubrir directamente requerimientos de seguridad y salud, convergiendo a los servicios del estado su requerimiento, como los riegos de la inestabilidad que representa, puesta en mayor evidencia en estos tiempos de confinamiento por pandemia sanitaria. Paralelamente evidencia una realidad social preocupante al no existir una oferta laboral formal que capture esta demanda laboral, o una no suficientemente robusta para satisfacer requerimientos mínimos de ingresos económicos familiares haciéndola poco interesante. Otro tema son los riesgos coligados a la informalidad ejercida en la vía pública, que se ve como facilitadora de la ocurrencia de delitos menores.

Si nuestras economías no se humanizan bajo conceptos de modelos sustentables y socialmente sensibles, inexorablemente seguiremos en un camino de pobreza agravada, predominando desempleo e informalidad, continuando el círculo vicioso que conlleva fragilidad socioeconómica, un estatus ya no sostenible en el tiempo.


Comunicado de Prensa / Fuente: Ricardo R. Vega Bois