Necesario balance entre patrimonio y desarrollo urbano

Necesario balance entre patrimonio y desarrollo urbano
Por Hugo Weivel, Arquitecto, Académico ULagos, Miembro del Consejo Urbano.

Si podemos partir de la base de que podemos entender el patrimonio como “lo nuestro” o como aquello en lo que nosotros como comunidad nos reconocemos, lo que incluye todos aquellos bienes tangibles o intangibles respecto de los que tenemos una memoria común, entonces podríamos decir que Osorno, así como cualquier otra ciudad longeva, es poseedora de un extenso y diverso acervo de bienes patrimoniales que son la huella de la actividad humana desarrollada en este territorio durante una extensa línea de tiempo, que parte incluso antes de la fundación de la ciudad.

El acervo de bienes patrimoniales materiales de Osorno aúna hoy varias capas provenientes tanto del entorno medioambiental en el que vivimos; por ejemplo ríos, quebradas y vegetación urbana, que constituyen un patrimonio geo-topográfico y medioambiental; como también las obras y manifestaciones de los diversos grupos de personas que la han habitado, por ejemplo las expresiones de las culturas originarias o prehispánicas, las de las colonias española y germana y la posterior etapa moderna en la que confluyen nuevos aportes migrantes, como los de las colonias siria y francesa. Esta configuración patrimonial diversa hace de Osorno un espacio urbano “fronterizo”; un espacio particular en el que tiene lugar la negociación de comportamientos asociados a los diversos sentidos de pertenencia. En este marco multicultural, se ha ido desarrollando el patrimonio material de Osorno asociándose a los diversos períodos o tiempos de la actividad humana en la ciudad, llegando a configurar un paisaje patrimonial.

El patrimonio material local nos recuerda entonces la historia de la ciudad, y por eso es capaz de generar sentido de pertenencia en sus habitantes, así como presentarse tal cual un vector de cohesión social. Pero, además, en el caso del patrimonio arquitectónico, es también un espacio para la reutilización adaptativa, que permite adecuar el patrimonio a los usos contemporáneos cautelando a la vez sus cualidades patrimoniales. Por estas razones es importante valorarlo, pero también cuidarlo y reutilizarlo. De esta forma, por ejemplo, podríamos reconvertir, de forma sustentable, lugares de nuestra topografía patrimonial medioambiental en nuevos espacios de uso público, como se podría hacer con las riberas a lo largo de los ríos Rahue y Damas a su paso por la ciudad. También se estaría revalorizando el patrimonio al reutilizar adaptativamente los edificios de nuestro patrimonio arquitectónico como, por ejemplo, el edificio industrial de la Sociedad Molinera de Osorno, que es una imagen característica del centro. Pero también se podría pensar en realizar el saneamiento ambiental de terrenos baldíos céntricos que en otras épocas han tenido usos que hoy han desaparecido, como algunos terrenos de ferrocarriles, para diseñar y construir estructuras de utilidad contemporánea. Si queremos que la comunidad siga valorándolo, nuestro patrimonio no puede ser un museo, tiene que actualizarse de acuerdo a nuestros requerimientos de hoy, y por lo tanto su actualización y mantención tiene que estar al servicio de las necesidades contemporáneas, que si puede estarlo. Esto, en vez de dejarlo morir lentamente por desuso y descuido y finalmente perderlo y con ello, nuestro sentido de pertenencia y la cohesión social de la comunidad. Entonces, vale recalcar que la presencia del patrimonio tangible tiene dos características importantes: evidencia la existencia de una particular identidad cultural, en el caso de Osorno evidencia las capas de su proceso histórico y, mediante su actualización, colabora en la apropiación identitaria de la ciudad por parte de los habitantes, colaborando a la vez en el desarrollo urbano local.

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Hugo Weivel