El cambio global que provocó el Covid

Fredy Wömpner
Por Fredy Wömpner, Economista, Director del Instituto Humanismo Cristiano.

Cuando comenzó la epidemia del Covid-19 y una gran cantidad de países entró en cuarentena, muchos la asociaron con el pasaje bíblico donde el profeta Isaías dice: "Anda, pueblo mío, éntrate en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la ira. Porque he aquí que Jehová sale de su lugar, para visitar la maldad del morador de la tierra contra él" (Isaías 26:20, 21). Y en virtud de esto podemos pensar que todos los cambios y transformaciones a escala global que estamos viviendo son un llamado de atención del creador a la humanidad para que corrija el camino que llevaba hasta ese momento.

A diferencia de la Peste negra y otras epidemias, el Covid-19 se diferencia del resto de pandemias por su novedad y brutalidad. El mundo está en proceso de cambio: en el área económica, social y cultural. Y conviene pensar hacia dónde vamos. Las políticas desplegadas para hacer frente a la crisis sanitaria han acelerado las tendencias de cambio que ya recorrían la sociedad y preocupaban a la población: incertidumbre, precariedad, manipulación mediática, relaciones humanas despersonalizadas, etcétera. Un futuro que nadie se imaginó se está gestando hoy. No hay duda de que la pandemia del coronavirus ha tomado a la comunidad internacional, en el peor momento de la cooperación internacional de los últimos años, complicando mucho más la generación de estrategias para enfrentar problemas, como el cambio climático, la economía, y la ambiciosa agenda 2030 de desarrollo sostenible.

Como consecuencia de todo lo anterior podemos identificar varias características de un mundo post-pandemia que inevitablemente ya forman parte de nuestra realidad, y que señalaremos a continuación:

1. Incremento de la brecha económica, desigualdad y pobreza

La actual pandemia de COVID-19 ha exacerbado la desigualdad de ingresos en el mundo, revirtiendo en parte la disminución registrada en las dos últimas décadas. Se espera que las débiles recuperaciones de los mercados emergentes y las economías en desarrollo aumenten la desigualdad entre los países. También se estima que la desigualdad de ingresos dentro de los países ha aumentado debido a las graves pérdidas de empleo y de ingresos entre los grupos de población de bajos ingresos.

La creciente inflación y los signos de recesión mundial podrían aumentar aún más la desigualdad dentro de los países en el largo plazo, provocando retrocesos en el desarrollo y generado un revés en el esfuerzo para poner fin a la pobreza extrema y reducir la desigualdad, de tal forma que se estima, que producto del COVID-19, la pobreza extrema en el mundo aumentó en alrededor de 100 millones más de personas.

Según la CEPAL se estima que solo en Latinoamérica el total de personas pobres ascendió a 209 millones a finales de 2020, 22 millones de personas más que el año anterior. En este sentido la pandemia ha evidenciado y exacerbado las grandes brechas económicas existentes entre pobres y ricos, y que es necesario generar nuevas políticas que permitan reconstruir con igualdad y sostenibilidad.

2. Crecimiento explosivo de las Redes Sociales

El crecimiento de las Redes Sociales a partir de la llegada del Covid fue explosivo, la cantidad de usuarios se multiplicó, nuevos sitios, tipos de redes, aplicaciones y distintas formas de interacción virtual surgieron, las empresas tecnológicas y el comercio electrónico fueron los grandes favorecidos, cambiando para siempre los modelos de negocios en muchos segmentos. Para las personas el uso de las redes sociales se extendió de forma vertiginosa, reemplazando en muchos casos actividades que habitualmente se realizaban de forma presencial (reuniones, clases, entrenamientos, sesiones de terapias, etcétera), con la consecuente impersonalización de las relaciones humanas.

Sin embargo, frente a lo anterior se debe tener en cuenta que la marginación de las redes sociales no es la respuesta al problema, pues el aislamiento de estos grupos genera que crezca aún más el aislamiento social de sectores radicales que optan por interactuar en sus propias burbujas y espacios digitales, eliminando la posibilidad de que existan espacios diversos para el diálogo, educación, entendimiento y generación de acuerdos.

3. Teletrabajo y Teleducación

Una lección que hemos podido obtener de las experiencias de las cuarentenas es tanto el teletrabajo, como la teleducación, pueden estar presentes en estas actividades humanas, y en algunos casos hasta sustituir la presencialidad. De tal forma que en reuniones, charlas o seminarios resulta mucho más ventajoso realizarlos de forma virtual por la disminución de los costos, el tiempo empleado o la necesidad de largos viajes en algunos casos. Y a estas alturas, también muchos ya habrán tenido sus primeras experiencias online con médicos, terapeutas y posiblemente otras que pertenecen al dominio de la vida privada. Con todo esto en trabajos, colegios y universidades, se está transitando para hacer un uso aún más integral de las posibilidades tecnológicas que están a la mano. En el caso de la educación, la entrega de contenidos, las formas de aprendizaje, el uso del tiempo autónomo, la disponibilidad inmediata son todas prácticas que avalan el uso de estas nuevas tecnologías. En el caso de los espacios de trabajo, algo similar sucede con las tareas grupales, las evaluaciones de desempeño o el ejercicio de la autoridad. No obstante, si el trabajo y la educación han resultado ser espacios sociales tan significativos, ello es porque son esencialmente lugares de sociabilidad en el sentido más amplio de la expresión: amistad, aprendizaje, pertenencia, amor y odio, aspectos en que las nuevas tecnologías no contribuyen en nada y que más bien parecen debilitar.

4. Uso obligatorio de credenciales de salud

La certificación, en la forma de pasaportes, cédulas de identidad y permisos oficiales de todo tipo es un culto obligatorio en todos los países, y más aún cuando esa certificación obedece a la precaución por la salud pública y la prevención del contagio de nuevas mutaciones o variantes de éste y otros virus o enfermedades que podrían aparecer. Con todo lo anterior las credenciales de salud o pase de movilidad como le llamamos en Chile, se convertirán cada vez más, en documentos de uso obligatorio para cualquier actividad formal o tramite a realizar y lo mismo ocurrirá para acceder a todo tipo conciertos, competencias deportivas o eventos masivos.

5. Análisis y uso de los datos biométricos

Los cambios que trajo consigo la pandemia se tomaron como excusa para ejercer una mayor vigilancia y perfilar a la población. Y cada año surgen más iniciativas gubernamentales y ofertas comerciales basadas en tecnología que buscan recabar datos biométricos de la ciudadanía. No creo que haya que esperar mucho, por ejemplo, para que nuestros teléfonos celulares tengan un termómetro incorporado o que nuestros móviles cuenten con una App que mida en tiempo real algunos parámetros clave a definir médicamente y que se conecten en tiempo real a algún servicio para generar un pase de movilidad o credencial. Lo nuevo, en realidad, será cuan rápida será esta transición y cuan pronto nos acostumbraremos a presentar esos certificados como condición de acceso a múltiples actividades.

Por otro lado, el hecho que grandes cantidades de datos de rasgos descriptivos de las personas, tales como su iris, cara y huellas dactilares sean recolectadas sin salvaguardas y muchas veces sin la capacidad para su resguardo seguro, deja a la ciudadanía indefensa ante el abuso desde quienes recolectan estos datos, así como también desde hackers o grupos criminales que eventualmente pueden acceder y apoderarse de ellos.

6. Incremento del gasto en salud

Tanto para los gobiernos como para las personas, el Covid ha significado un incremento en los gastos de salud, ya sea por medidas de prevención, cuidado o tratamiento. Y así como la guerra lleva a un incremento del gasto público en esta área de manera repentina e inesperada, una crisis sanitaria global como lo ha sido esta epidemia tiene el mismo efecto en el gasto público y es de esperar que los presupuestos nacionales de cada país se vean incrementados en este ítem, lo que a su vez repercutirá en una disminución de otros ítems, dado que habrá menos recursos para hacer frente a la pobreza, el desempleo, la educación o los déficit de infraestructura que siempre están presentes.

Finalmente, conviene preguntarse si la humanidad ha logrado aprender de esta experiencia que necesita enmendar el rumbo que llevaba antes de que apareciera esta epidemia, y ha logrado posicionar en la sociedad un conjunto de valores universales que agraden más al creador, como lo serían la paz, la solidaridad, la colaboración internacional, el respeto a la dignidad humana, la superación de la pobreza y la justicia social, entre otros más y apropiarse de la promesa "Apártate del mal y haz el bien, y tendrás morada para siempre" (Salmos 37:279).


Fuente: Fredy Wömpner - wompner@gmail.com

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