Pandemia y pensamiento positivo

Dr. Ricardo R. Vega Bois
Por el Dr. Ricardo R. Vega Bois, Académico Universidad de Los Lagos.

Es indiscutible que nuestras vidas, rutinas y relaciones han cambiado en estos meses de crisis sanitaria, confinamientos, cuarentenas y cuidados especiales incluidos. Hemos estado siempre pensando, contrariamente a lo que algunos expertos nos indican, que será algo pasajero y podremos volver al estado y actividades de antes, siendo aquello lo que podríamos denominar pensamiento positivo, el cual se manifiesta visualizando días mejores a todo evento, aunque ya en el fondo sabemos que así en su totalidad no será.

Según la Organización Hermandad Blanca (2015), los pensamientos positivos son los únicos que nos permiten acumular fuerza interior y nos capacita a ser constructivos. Los pensamientos positivos son lo que siempre dan beneficio en todas las situaciones sin atraparnos en la experiencia externa de una situación. Pensar positivamente no significa que ignoremos la realidad a nuestro alrededor y pretender vivir en lo irreal o pretender ser otro.

Con todo, cuando estamos compartiendo estados crecientes de crisis en lo social y económico, aumentando la ya producida por la misma pandemia, es difícil no caer en estrés y niveles de desesperación, pero con una especial resiliencia enfrentamos cada nuevo día con atisbos de esperanza y expectativa esperando algún cambio positivo. Paralelamente no deja de sorprender memes y bromas relacionadas en redes sociales, algunas de ellas bastantes fuertes en el sentido de su alcance, nos muestra esa faceta muy nuestra de un especial sentido del humor, ya característico por generaciones, mutando ahora a una manifestación digital.




Ser optimista no es malo, por el contrario tiene muchos beneficios. Según la investigadora en Psicología positiva, Suzanne Segerstrom (2003), "los contratiempos son inherentes a casi todas las actividades humanas que valen la pena, y un número de estudios muestran que los optimistas son, en general, tanto psicológica como fisiológicamente más saludables”, lo cual ante desafíos sanitarios como los que estamos viviendo es bueno, ya no solo incidiendo en aspectos mentales sino que a la vez físicos.

Se nos indica que muchos cambios llegaron para quedarse, costumbres de saludo, de higiene, de alimentación, metodologías de trabajo, técnicas docentes y la visión respecto a la utilidad de medios digitales, ya no serán las de antes. Quizás esta crisis sanitaria específica pase en su totalidad algún día, pero quedará el aprendizaje, eso espero, de las actuales vivencias y cuidados que deberemos adoptar a futuro.

Si bien empresas y organizaciones pueden en estas circunstancias adoptar acciones paliativas, según Ahumada y Grau (2020), la política económica tiene que generar las condiciones materiales para que la población pueda vivir razonablemente bien durante esta crisis y que la sociedad cuente con los medios materiales para afrontar las labores sanitarias. En este gran desafío (como en toda crisis sistémica), es principalmente el Estado quien tiene la capacidad organizativa, la logística y escala necesaria para conducir el proceso al ritmo que hoy necesitamos.

Ya no seremos los mismos, nuestras valorizaciones de eventos, personas, profesiones, oficios y actividades ya han cambiado, no vemos ya a muchos actores de nuestras comunidades de la misma forma. Ese cambio es real, actual e innegable. Paralelamente la fragilidad y niveles de ineficiencia de los modelos de organización social y económica han quedado en mayor evidencia, lo cual si realmente hemos aprendido, cambiaremos gradualmente a esquemas de organización, gestión y control muy diferentes a los actuales.

Esperemos que así sea y no necesitemos más pandemias como esta para producir ese positivo cambio.


Fuente de la información: Dr. Ricardo R. Vega Bois