Planificar y crecer con coraje, fe inquebrantable y perseverancia

Myriam O , Artista multidisciplinaria
Por Myriam O , Artista multidisciplinaria.

Hace alrededor de 100.000 años, el Homo sapiens inició un proceso migratorio que lo llevó desde el continente africano a poblar zonas de Europa y Asia. Unos 35.000 años más tarde logró llegar en canoas al continente australiano. Y de acuerdo a conocidas conclusiones científicas, habría arribado a Norteamérica hace unos 13.000 años, cruzando el Estrecho de Bering durante la era del Pleistoceno, cuando el cambio climático provocó que bajara el nivel del mar y se formara un verdadero puente de hielo entre Asia y América. Aunque teorías recientes disienten de esta última y sin restarle importancia a la fecha de ese evento, es a lo menos impresionante si miramos desde nuestra comodidad actual, la magnitud de tal proeza en aquella era primigenia de la historia humana.

Milenios después, navegantes descubridores de nuevas y lejanas tierras deben haber sentido la misma incertidumbre al enfrentarse a rugientes e inexplorados océanos. De igual modo, hoy todavía admiramos a aquellos inventores de máquinas y artefactos maravillosos y a quienes mucho después se atrevieron a surcar los cielos, todos ellos pioneros que nos abrieron las puertas al conocimiento en innumerables áreas.

Por otra parte, tanto navegantes como aviadores e inventores del pasado, guardaban dentro de sí algo muy específico y que, con preocupación, observo un tanto ausente en las nuevas generaciones. Ese “algo” funcionaba como un motor interno, fuente de energía inagotable que se renovaba cada día y que se manifestaba como un deseo profundo de descubrir y construir cosas nuevas.

¿Pero qué lleva al hombre a iniciar el camino a lo desconocido? ¿Cuál es la energía que alimenta esas mentes y almas en un viaje a menudo lleno de contratiempos y vicisitudes?

Es mi opinión que emprender cualquier iniciativa constructiva requiere de tres pilares fundamentales: coraje, fe inquebrantable y perseverancia. Coraje, porque nunca sabemos a qué nos vamos a enfrentar. Tal vez Cristóbal Colón temió encontrar monstruos marinos durante su periplo hacia las Indias. Y si bien ciertamente creía que la tierra era redonda, desconocía el destino final de su travesía. Fe, porque cuando los hermanos Orville y Wilbur Wright lograron la hazaña de volar durante 33 minutos sobre las praderas de Ohio en Estados Unidos en 1905, ya habían transcurrido dos años desde su primer vuelo. Pero aún así, continuaban intentando perfeccionar y controlar los sofisticados aparatos que diseñaban. Un dato curioso: ninguno de los dos formó una familia. De hecho Wilbur comentó en una ocasión que no tenía tiempo para un avión y además para una esposa. Quizás esto se debió a que materializar el sueño que cambiaría el mundo para siempre, exigía dedicación absoluta. Finalmente, el tercer pilar es la perseverancia, sin la cual los dos anteriores no son suficientes, pues cualquier gran empresa requiere de una enorme cantidad de trabajo y dedicación.





En una escala muy distinta, mi propia experiencia en el camino de la música y la pintura han exigido de mí similar grado de devoción y persistencia. Es así que siento que muchos jóvenes necesitan reactivar esa chispa interior que permitió en la antigüedad que otros, tan jóvenes como ellos, forjaran el mundo que conocemos lleno de los adelantos que disfrutamos a diario. Como sociedad necesitamos hoy más que nunca de esa energía visionaria que ayuda a enfrentar los altos y bajos del destino y brinda la fuerza necesaria para seguir adelante.

Me pregunto, por tanto, cómo incentivar aquello que llamamos iniciativa propia, pues tener un proyecto de vida es denominador común en los ejemplos aquí expuestos. Si se es muy joven y no se ha descubierto aún la vocación a desarrollar a largo plazo, bien se puede emprender algo que precise de un período más breve para su realización. No es relevante la dimensión de nuestro propósito, pero sí lo es emplear en ello nuestras capacidades y habilidades personales con ahínco y honestidad. Tampoco es fundamental la edad del individuo, ya que la esperanza de vida ha aumentado al menos al doble si nos comparamos con aquellos primeros humanos que poblaron América. Pues no se trata de descubrir el paraíso perdido o de volar a una de las lunas de Júpiter —¡aunque nunca se sabe!— sino que desde nuestro pequeño rincón en el universo, intentar ser un aporte para nuestro grupo familiar y nuestra comunidad país.

El aislamiento trae el silencio y el silencio es amigo de la instrospección. Es ahora, entonces, el momento de planificar y crecer, porque la vida transcurre más rápidamente de lo que quisiéramos. Cualquier iniciativa, grande o pequeña, si se lleva a cabo con coraje, fe inquebrantable y perseverancia, traerá consigo un cambio positivo y a la par generará beneficios para nosotros mismos, pues ocuparemos nuestra mente, nuestra imaginación y capacidad creativa. Y por sorprendente que parezca, seremos más felices.


Fuente de la información: Myriam Olivares Grez, artista multidisciplinaria