La Equidad y la Paz

Fredy Wömpner
Por Fredy Wömpner, economista y escritor, Director del Instituto Humanismo Cristiano

En estos tiempos agitados y de convulsión social he visto muchas opiniones y análisis de lo que ocurre en nuestro país, pero hay un concepto que siempre está presente en todas estas opiniones y es la equidad. En relación a la cual me impresionaron las palabras de Humberto Maturana quien cuenta su conversación con un auxiliar de una Universidad donde él se desempeñaba como docente, al decirle sucesivamente qué opina usted si le digo que yo gano un 50% más?, si gano un 100% más que usted? o si gano 200% más que usted, el auxiliar le responde: que eso estaba bien dado que usted estudió más que yo, enseña en una importante Universidad, tiene muchas responsabilidades, etcétera, pero cuando se le pregunta al auxiliar: ¿qué opina usted si le digo que yo gano 10 veces más que usted?, entonces la opinión del auxiliar cambia: ¿pero cómo?, eso es no es justo! En este simple ejemplo está reflejado el concepto de la equidad. Las diferencias son naturales e intrínsecas al ser humano, sin embargo, hay un límite donde estas diferencias dejan de ser tales y se convierten en abuso, en indolencia, en atropello a la dignidad.

Nuestra crisis social, tiene múltiples factores gatillantes, una profunda desigualdad social, un distanciamiento de la clase política, una escasez de derechos de las personas, precariedad en el trabajo y la previsión social, servicios básicos costosos, corrupción, etcétera, pero en todos estos factores se basan en un legítima demanda social por una mayor equidad y una sociedad más justa. Las movilizaciones, marchas y manifestaciones han tenido el efecto de romper la rutina, la normalidad y la sana actividad de un país, mezclándose muchas veces con hechos violentos y repudiables. Por todo lo anterior es muy fácil darse cuenta que la Paz social que todos queremos y buscamos, tiene una condición básica y es la equidad.

Si consideramos que la paz es la capacidad de los seres humanos de vivir en calma, con una sana convivencia social y que también tiene que ver con un adecuado manejo de los conflictos, para no llegar a situaciones más violentas, entonces todos y cada uno de nosotros debemos de entender que para lograr la paz debemos de tomar decisiones propias. Esto implica que la paz es un valor que surge dentro de nosotros mismos y debemos alimentarlo día a día. La paz es fruto de saber entender y escuchar las necesidades de los demás antes que las nuestras. Es el resultado de una buena convivencia entre las personas. Si queremos vivir en un mundo donde reine la paz todas las personas tienen que tener las mismas oportunidades y a todas les tienen que ser respetados sus derechos fundamentales. La paz y la equidad social son por tanto valores inseparables.

Todos valoramos la paz, la atesoramos, la buscamos y la necesitamos, pero para alcanzarla debemos necesariamente hacer esfuerzos y poner una cuota de sacrificio personal para alcanzarla.

Mahatma Gandhi, el mayor maestro de la paz de la historia, no se cansaba de decir que no hay un camino para llegar a la paz, sino que la paz es el camino para llegar a todas partes.

Los que practican la paz saben que ésta no es simplemente la ausencia de conflictos, pues los hombres siempre han sido y serán conflictivos, sino la capacidad de manejar dichos conflictos y superarlos por medio de métodos no violentos como la protesta pacífica, el diálogo y la negociación.

La paz no sólo es de los valores más importantes, sino uno de los más fáciles de malinterpretar. Es común interpretar la paz como la ausencia de amenaza, porque precisamente cuando no hay amenazas, se proclama la paz. Lo realista es que la vida ocurre como un péndulo que oscila entre dos extremos: orden y caos. La mayoría de los sucesos son inesperados y por causas que no se pueden controlar; lo que sí puede controlarse es la manera en que se responde ante los hechos. Al respecto la ONU en su Asamblea General del 12 de noviembre de 1984 declara en su primer postulado: “Los pueblos de nuestro planeta tienen el derecho sagrado a la paz”. Y por su parte, la Cátedra UNESCO de Educación para la Paz señala como una estrategia central para vivir la paz que: “de cara a las injusticias, nos eduquemos en el valor moral para tomar riesgos y emprender acciones de naturaleza no violenta".

Es decir, que nos formemos en aquella fortaleza del alma o voluntad del espíritu que posibilita la única y auténtica fuerza de verdad y vida: la no violencia. Y esta acción no violenta ha sido expresada en el legado de paz que nos dejaron personajes como Gandhi, Luther King o Mandela.



Fuente de la información: Fredy Wömpner